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violeta para en un acto político en 1948 (violetaparra.cl)

Violeta es José María, Chile es Perú

Mucho se discuten las diferencias, poco las coincidencias. Invito a pensar en una coincidencia: el sujeto migrante. Ese sujeto que en el Perú se llama José María y en Chile, Violeta.

Publicado: 2014-01-24

Mucho se discuten las diferencias, poco las coincidencias. Veo amigos que hacen de una disputa por el mar la gran reivindicación nacional mientras escuchan a Víctor o Violeta. Yo soy de la generación que tuvo que recibir a los hermanos que venían huyendo de la dictadura de Pinochet y que luego huyo de las condiciones laborales en el Perú. 

Llegué a Chile un poco después de que el gobierno peruano destruyera mi pueblo, Las Salinas de Chilca, con una termoeléctrica y lo primero que encontré en Chile fue una marcha contra la termoeléctricas. Podría seguir escribiendo de nuestras coincidencias. Quiero hablar de una en especial: el sujeto migrante. Ese sujeto que en el Perú se llama José María y en Chile Violeta.

Nuestros países han sufrido, siguen sufriendo, una depredación del campo. Ya dije que los peruanos estamos viniendo a Chile por las condiciones laborales en nuestro país. Pero antes habíamos ido a Lima. Y los chilenos a Santiago. Cornejo Polar dice que “migrar es algo así como nostalgiar desde un presente que eso debería ser pleno las muchas instancias y estancias que se dejaron allá y entonces, un allá y un entonces que de pronto se descubre que son el acá de la memoria insomne pero fragmentaria”.

josé maría arguedas

El sujeto migrante habla desde un presente y un aquí para reconstruir el allá y el pasado. Además, su memoria evidencia una profunda fragmentación. La homogeneidad queda de lado y aparece, como contra parte, el conjunto de pedazos del rompecabezas que debiera ser ordenado a partir del eje de la memoria que está trozada en geografías, historias y experiencias diversas. Esta situación del sujeto migrante ha caracterizado desde siempre el crecimiento de las ciudades de nuestra América, sobre todo de las capitales macrocefálicas,

Quien mejor representa eso en el Perú es Arguedas:

"Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo"

Los dos cantantes más importantes de Chile, Violeta Parra y Víctor Jara son de origen campesino. Ella nacida en San Fabián de Alico, él en Chillan. Sobre él es muy bueno el concierto que dio el 17 de julio de 1973 en Panamericana Televisión y la entrevista que le hace Ernesto García Calderón (¡Cuánto ha perdido la televisión peruana!). Fue su última presentación en la caja boba ya que dos meses después era asesinado. La última canción que Víctor cantó en televisión fue peruana si le creemos al presentador -no sé por qué no se incluye en el vídeo-. Déjenme ahora hablar de Violeta.

víctor jara

Los paralelismos entre Violeta y José María comienzan antes de que sepan escribir. Es el tiempo en el que nacen. El peruano en 1911, la chilena en 1917, podríamos añadir para hacer la trinidad a Rulfo, el migrante mexicano, que nace en 1918. Así la dama se coloca entre dos caballeros con el mismo sentimiento. Eso determina trayectorias similares, es el inicio del proceso migrante. Para los tres las vivencias determinantes de la identidad han tenido lugar en un medio rural campesino, de pequeños y antiguos pueblos, para luego, en la segunda etapa, entrar a la experiencia corrosiva del mundo urbano. Para los tres, por último, la década del 40 es de aprendizaje y gestación y las del 50 y 60 el periodo en el que salen a luz las obras definitivas. Por alguna extraña razón lo que en México y Perú se expresó en el relato, en Chile fue canción. También lo fue en Argentina con Atahualpa Yupanqui.

Como Arguedas que empieza su relación con la poesía recogiendo cantos quechuas, como Nicomedes Santa Cruz que antes de hacer décimas recoge las de sus mayores, Violeta antes de componer sus propias canciones es una estudiosa del canto campesino. Es la fuerza de su trabajo como recolectora lo que aviva su producción cantora, al punto de hacerla precursora de la Nueva Canción. Lo dice Víctor Jara en la citada entrevista en el Perú:

En Chile, más o menos por ahí por el año 67, a comienzos, apareció un disco de Violeta Parra, con canciones donde ella hablaba de la verdad, de lo auténtico, de lo verídico, de lo real de Chile. Este disco, estas canciones, causaron un impacto profundo en nuestro país. Porque Violeta Parra ya había dedicado prácticamente 40 años de su existencia a cantar canciones que ella recopilaba, las canciones que el pueblo canta a través de toda la geografía de Chile, que canta por tradición, porque se enseñan de abuelos a padres, de padres a hijos. De pronto apareció esto que causo una conmoción y nosotros sentimos [un grupo de compositores] que ese era el camino, que la canción debería tomar en nuestro país

Esta tensión entre su trabajo de recopiladora y el de autora nos da cuenta del conflicto interno entre su ser campesino, ligado a la poesía popular tradicional y su ser urbano que ya entra en la autoría. Se trata de una afirmación de lo individual de la ciudad sobre lo colectivo como organización agrícola. Afirmación que comienza al titular alguno de sus discos como “La cueca presentada por Violeta Parra” o “El folklore de Chile presentado por Violeta Parra”, títulos que dan cuenta además de un reconocimiento que nuestra autora va ganando entre el público y que hace comercial poner el nombre de quien canta. La cultura tradicional es reencontrada, recogida y transformada desde la experiencia urbana de Violeta: la ciudad y la modernidad son el espacio y el tiempo que le permiten a ella notar el grado de peligro de la cultura tradicional.

violetaparra.cl

Veamos ahora sus Décimas, libro autobiográfico. El sujeto migrante está plenamente representado en ellas. El año 32 Violeta tiene 15 años y se traslada a Santiago, donde ya vive su hermano Nicanor, el de la antipoesía. El campo es el contacto honrado con la naturaleza: “Kilómetros en el río/ tocamos honradamente/ donde se baña la gente/ cuando el verano es flori'o” (“Comprende aquel testamento” p. 87). Debemos tener presente que este espacio dichoso es el recuerdo que ella tiene del mismo después de su perdida, cuando ya vive en la ciudad. La misma visión de paraíso terrenal se da en “Me fui por un senderito” (p. 233), “Cuando llegaba el verano” (p. 71) “El jardín de la Totito” (61) y otros.

Evidentemente el campo no es sólo paisaje. Violeta se referirá también a las comidas: “Mi taita hizo la ensalada/ con amor sin igual/ parece un plato real/ con verdurita picada” (“Aquí va lo más picante” 73). El trabajo del campesino: “Allá, las vacas mugiendo/ al son de la ordeñadora/ que llena las cantimploras/ con música sin igual” (“Dejemos lo triste a un lado” 117). Pero es en este terreno donde ese edén deja de serlo por la explotación y el hambre. El abuelo por parte de madre “era inquilino mayor/ capataz y cuidador/ poco menos que del aire” y todo eso apenas por “un cuartito de tierra/ y una galleta más perra/ que llevaba a sus críos” (“Mi abuelo por parte ’e maire” 35). La situación de su madre es peor aún ya que tiene “diez bocas siempre pidiendo” (“Aquí empiezan mis quebrantos” 53).

Sin embargo lo peor que puede ocurrir es la pérdida del paraíso. Es sentida como una expulsión. En “Esto me da un pensamiento” (p. 89) explica que el “pecado original” son las costumbres etílicas del padre: “En fiestas de tomatina/ mi taita vende la tierra”. La marcha a la ciudad es un ir al exilio: “Mi corazón en destierro/ latió lastimosamente/ cuando pasé, entre la gente/ l´inmensa puerta de fierro” (“Llega el tren a l´Alame´a” 163) de la estación de trenes.

¿Cuántos peruanos que hoy habitan Lima no podrían firmar esos versos? ¿Cuántos que hoy habitan Santiago? Yo mismo siento mi corazón en destierro. Violeta nos expresa a todos. No podemos considerarla nuestra enemiga. Quizá más bien podemos encontrar a nuestros enemigos en nuestro propio país. Esos que hoy mismo están queriendo quitarnos las tierras para entregárselas a las mineras, a las termoeléctricas. Esos que nos obligan a ir a Lima, a Santiago, a Nueva York.


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Me sale espuma

"Quiero escribir, pero me sale espuma"