Estamos con Ana Estrada

Nicomedes Santa Cruz y Violeta Parra

Ponencia leída en el II Congreso Internacional en homenaje a Nicomedes Santa Cruz en la UNMSM

Publicado: 2015-10-27

La décima es la expresión popular que más rápidamente entró a la escritura. El hecho se remota a los romances de ciego, hojas que se vendían en las calles de España hace ya muchos siglos. Pero para mis estudios de poesía popular de Nuestra América quiero referirme a la Lira Popular chilena del siglo XIX. Eran décimas impresas sobre los temas de actualidad, desde una visión comprometida con el proletariado naciente, que eran vendidas por sus propios autores. La oposición popular a la pena de muerte, la religiosidad popular pero también el rechazo a los curas que hacen del culto negocio, las huelgas, los conflictos políticos.  

La teoría literaria nos habla de la ficcionalidad. Y en la mayor parte de los casos hay que darle la razón. Pero hay escritores que cuestionan este sentido de la creación para asumirse como voceros de un sector social.* Arguedas en el Encuentro de Escritores de Arequipa decía con mucha fuerza que lo suyo no era ficción sino realidad. Ribeyro le pone de título a su colección de cuentos La palabra del mudo. Le quería dar voz a los que no la tienen. Algo parecido ocurre con los escritores de la Lira Popular: Bernardino Guajardo, Rosa Araneda, Daniel Meneses, Nicasio García, Javier Jerez, José Hipólito Cordero, Juan Bautista Peralta, Adolfo Reyes y Desiderio Parra. Muchos de ellos tienen incluso militancia partidaria. Estaba naciendo la intelectualidad orgánica del proletariado en términos de Gramsci.

Nicomedes Santa Cruz y Violeta Parra son continuadores de esta tradición. Al igual que los poetas del siglo XIX tienen militancia política. Violeta Parra acompañó a Allende sus giras desde 1958 como candidato. Lo anecdótico es que en la última, la de 1970, la triunfante, Allende ya no tuvo a Violeta pero si a sus hijos. Y es que en ambos casos no solo son poetas sino que parte de una tradición familiar. Los hermanos, hijos e incluso nietos tanto del peruano como de la chilena hacen poesía u alguna otra expresión artística. Los Santa Cruz siempre en el terreno de lo popular, el hermano de Violeta, Nicanor Parra pasó a lo letrado pero con un cariz popular muy marcado.

En el caso de Nicomedes Santa Cruz, Carlos Aguirre nos recuerda que “tuvo una breve incursión en la política partidaria como militante del Movimiento Social-Progresista y recordaría años más tarde que fue Sebastián Salazar Bondy quien lo convenció de inscribirse en dicho movimiento” pero los cambios que proponía el social progresismo y los métodos con los que pensaba lograrlos no lo convencen. Inspirado por la revolución cubana él quería algo más radical. En uno de sus poemas lo dice claramente “no busco el Parlamento/ me atañe revolución” y la que pensaba en un primer instante era la revolución proletaria: «Yo soy revolucionario / porque habiendo quien me escucha / pongo mi voz en la lucha / al lado del proletario» aunque después se enrolara en las filas del velasquismo.

Sin embargo tanto Parra como Santa Cruz también son una muestra de que cuando se trata de dar la palabra a colectivos sociales el tema no se queda en el esquema de clases como podría pensarse desde un marxismo de manual. Las identidades de los “sin voz” son múltiples y complejas. Y vemos aquí dos paradigmas de sujetos sociales representados. Violeta Parra es, como Atahualpa Yupanqui en Argentina o José María Arguedas en el Perú y Rulfo en México la voz del migrante. Nicomedes lo es del afrodescendiente.

La relación entre Violeta Parra y los escritores de la migración la establece por primera vez Leónidas Morales (143-144):

La problemática de la creación de Violeta no aparece solitaria dentro de este contexto: muestra correspondencias, en aspectos fundamentales, con las de otras creaciones latinoamericanas. Pienso sobre todo en la obra narrativa de Rulfo en México y la de José María Arguedas en el Perú. Los paralelismos comienzan dándose fuera de las obras. Los tres han nacido en fechas aproximadas: 1911, Arguedas; 1917, Violeta, y 1918, Rulfo. Las trayectorias biográficas son así mismo similares: en la primera etapa, las vivencias determinantes de la identidad han tenido lugar en un medio rural campesino, de pequeños y antiguos pueblos, para luego, en la segunda etapa, entrar a la experiencia corrosiva del mundo urbano. Para los tres, por último, la década del 40 es de aprendizaje y gestación y las del 50 y 60 el periodo en el que salen a luz las obras definitivas.

La relación de Violeta Parra en Chile y de Atahualpa Yupanqui en Argentina con la décima es parte de ese aprendizaje campesino, su estudio del folklore y sus recopilaciones. En el caso de Violeta Parra contamos con el testimonio de Víctor Jara. En su última entrevista televisiva, en la televisión peruana apenas a poco más de un mes de su muerte, nos dice: “Violeta Parra ya había dedicado prácticamente 40 años de su existencia a cantar canciones que ella recopilaba, las canciones que el pueblo canta a través de toda la geografía de Chile, que canta por tradición, porque se enseñan de abuelos a padres, de padres a hijos

Pero donde queda más claro el tema del sujeto migrante es en su libro de décimas autobiográficas. La autobiografía, como ocurre con otras autobiografías de mujeres latinoamericanas**, aparentemente habla de la propia autora pero en realidad se trata de un tránsito del yo individual a uno universal. Ciertamente, más allá de que “las escrituras del yo” expresen la voluntad de quien escribe de mostrar una voz íntima y personal, estas construcciones de la subjetividad no son ajenas a los contextos histórico-sociales en los que se construyen y expresan.

El paso del campo a la ciudad marca la autobiografía de Parra. Divide la vida de Violeta Parra en dos: Pinochet (p. 50) llama al primer periodo, hasta los 15 años, “un edén perdido” y al segundo “la degradación de la vida urbana”. El campo es el contacto honrado con la naturaleza, es una relación interpersonal más sincera, son comidas y costumbres que añora. La pérdida de la tierra y el paso a la ciudad es una ruptura con todo eso. Es la instauración de lo que Cornejo Polar llama “el sujeto migrante”

Pero la ciudad no es hostil sólo porque el yo poético tenga memoria de un idilio campesino. Lo es porque en ella no funciona, como en el campo, la economía moral campesina. Si en el campo hay miseria en la ciudad está se produce a ojos vistas de la riqueza más opulenta, que lo corrompe y degrada todo. Es un mundo al revés en el que los muertos tienen más comodidades que los niños: “el gentil lleva en carroza/ de lujo a sus bellos muertos/ y el pobre pájaro suelto/ se pudre en el conventillo” (“A l´otra noche, sin ganas” 175). La miseria y explotación que sufre la clase baja del país van a constituir temáticas fundamentales en el trabajo de la autobiógrafa, subrayando la naturaleza perversa y decadente de los tiempos modernos. El campesino migrante es el proletario explotado de la ciudad.

Algo parecido ocurre con Santa Cruz. Su opción por la décima, como bien han estudiado Jaime Bryce en su tesis de licenciatura y Fred Rhoner en un ensayo sobre nuestro poeta, es, ya en sí misma, una toma de posición en torno al tema de los afrodescendientes. Siendo negra la mayor parte de la población popular en Lima, eran ellos los que habían conservado la décima. La propuesta de Nicomedes es doble, por un lado rescatarla del olvido, por otro darle una nueva potencia, nuevos temas, siempre dentro de lo popular, siempre dentro de la reivindicación de lo afrodescendiente. El propio Santa Cruz nos lo cuenta en entrevista de Mariñez:

Mi maestro don Porfirio Vásquez también era una cosa ya superada por mí, porque todo lo que había hecho él era prepararme para competir con otros decimistas, que no existían y que en el mejor de los casos, como el de su hermano Carlos, estaban frisando los ochenta años. Ellos estaban encuadrados en una temática y en una actividad totalmente rural, de lo humano y lo divino, y yo veía una serie de acontecimientos distintos

Aparentemente diferentes los orígenes de la opción por la décima en ambos escritores sin embargo hay una unidad de fondo. Según la propia declaración del poeta peruano sería una urbanización de un cantar de origen campesino. Se trataba de cambiar los temas y la actividad del decimista rural para poder expresar al proletariado propio de un momento de modernización de las relaciones sociales en nuestros países. Si en el caso de Parra está relación con el proletariado es dada por la expresión del sujeto migrante en el de Santa Cruz tiene que ver con la raza. Recordemos que el concepto mismo de raza y la clasificación consecuente de los seres humanos es parte de la formación del mundo colonial del capitalismo, que impone esta división “como las categorías básicas de las relaciones de dominación y como fundamento de una cultura de racismo y etnicismo” (Quijano p. 167).

Nicomedes Santa Cruz dará cuenta de esa relación de dominación y racismo en sus libros. El gran tema de Nicomedes Santa Cruz es el racismo. Tanto el colonial con su componente de esclavitud y explotación como el contemporáneo, más sutil pero no menos indignante. Incluso aquel racismo que se aplican los negros a sí mismos como en la décima “La pelona” en la que una negra intenta blanquearse adoptando usos ajenos de los que Nicomedes se ríe. El extremo es echarse polvos a la cara:

¡Qué...! ¿También usas polvera?

permite que me sonría

¿Qué polvos se pone usía?:

¿ocre? ¿rosado? ¿rachel?

o le pones a tu piel

cisco de carbonería

Pero el tema étnico también le sirve para ir más allá y tratar de los temas nacionales. Así en el marco de la campaña por la nacionalización del petróleo escribió “Talara no digas yes” poema en el que compara la explotación del oro negro de dicha provincia con la de los hombres del mismo color: “Mi raza, al igual que tú/ tiene sus zonas ajenas/ tú por petróleo en tus venas/ yo por ser como Esaú”. Además, luego de su viaje a Brasil en 1963 su verso se hace internacional con textos como “Congo Libre”, “Johannesburgo”, “Muerte en el ring” o “América latina”. Esto tiene relación con una característica que señala George Lipsitz sobre el “nacionalismo negro”: los afroamericanos han buscado “convertir las minorías nacionales en mayorías globales afirmando solidaridad con ‘gente de color’ en todo el globo (…). En todas partes, los africanos diaspóricos han utilizado marcos internacionales para remediar frustraciones nacionales” (Lipsitz).

A manera de conclusión podemos ver que en ambos casos hay un proceso de urbanización de la décima. En Parra porque provista de la tradición folklórica campesina la reelabora, en Santa Cruz porque rompe con la temática y actividad de la generación anterior a la que llama “totalmente rural” como hemos visto en cita anterior. Curioso este calificativo para personas que vivían en Breña. Da cuenta de la modernización de Lima.

Esta urbanización de la décima produce dos efectos adicionales: la autoría y la publicación. En el caso del folklore chileno o de la generación anterior a Nicomedes todavía no hay una clara definición del autor. Se cumple fielmente la copla de Machado: “Hasta que el pueblo las canta/ las coplas coplas no son/ y cuando las canta el pueblo/ ya nada importa el autor”. En Parra o Santa Cruz la autoría es clara y definida. Lo será en sus sucesores también. Con Parra comienza la “nueva canción chilena”, con Santa Cruz una nueva tradición de decimistas entre los que me gustaría citar a Juan Urcariegui, Hildebrando Briones, Cesar Huapaya, Pedro Rivarola, Germán Sunico, Diego Vicuña Villar y otros. En cuanto a la publicación, sea en libro, disco o una combinación de ambos, hay que destacar una característica que los diferencia de los de la ciudad letrada: la masividad. No creo que haya otro autor en el Perú que haya impreso 10,000 ejemplares de su primer libro y los haya agotado en pocos meses. Pero es una masividad que se explica porque los circuitos de producción, circulación y consumo son totalmente diferentes a los de la “ciudad letrada”.

Se trata pues de un fenómeno totalmente distinto a la oralidad, ya que no podemos decir sino como metáfora que son libros orales, y totalmente distinto a la “ciudad letrada”. Es, como dije al iniciar mi ponencia, un proceso que se inicia a finales del siglo XIX, con el surgimiento del proletariado y la urbanización de nuestras sociedades. Pero, como hemos visto, se profundiza en cada proceso modernizador. En nuestro caso en la inmediata post guerra. Todavía hay muchas confusiones desde la teoría literaria latinoamericana respecto a este hecho. Yo he pretendido dar alguna luz en esta confusión proponiendo en mi tesis doctoral la categoría de “ciudad cantada” para nombrar de alguna manera este conjunto de expresiones populares. Es una propuesta que dejo para el debate.

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(*) Parto de una propuesta realizada por Cecilia Podestá en una mesa redonda en la PUC en torno a Arguedas.

(**) Sobre el tema véase Gilda Waldman M “Imaginaciones autobiográficas. Voces, tiempos y espejos en dos autobiografías de mujeres” en Acta Sociologica, México, UNAM, N° 53, 2010, (100-121) y Sidonie Smith “Hacia una poética de la autobiografía de mujeres” en Anthropos, N° 29. Diciembre 1991 (pp 93-105)

Bibliografía

Cornejo Polar, Antonio. “Condición migrante e intertextualidad multicultural: El caso de Arguedas”. Conferencia en el III Encuentro Latinoamericano en Berkeley, 22 de abril 1994.En Los universos narrativos de José María Arguedas, Lima, Editorial Horizonte, 1997. Publicado antes en Revista de crítica literaria latinoamericana, Año XXI, Nº 42, Berkeley-Lima, 2º semestre de 1995 

Lipsitz, George Dangerous Crossroads: Popular Music, Postmodernism and the Poetics of Place. Londres y Nueva York: Verso ed. 1994,

Mariñez, Pablo Nicomedes Santa Cruz. Decimista, poeta y folklorista afroperuano, 2000, Lima, MML

Morales, Leónidas “Violeta Parra: la génesis de su arte” en Figuras literarias, rupturas culturales (modernidad e identidades culturales tradicionales), 1993, Santiago de Chile, Pehuen editores.

Pinochet Cobos, Carla Violeta Parra. Hacia un imaginario del mundo subalterno. Tesis para optar el título de antropóloga social. Universidad de Chile, Facultad de Ciencias Sociales, departamento de Antropología, 2007.

Quijano, Aníbal “Raza, etnia y nación en Mariátegui”, en Roland Forgues (editor) José Carlos Mariátegui y Europa. El otro aspecto del descubrimiento, Lima, Amauta, 1993 (pp. 167-187).


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