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antonio melis

Jalla sin Melis

Melis fue a Bolivia a pesar de que había sido operado del corazón y sabía que no resistiría la altura. Pero no faltó a ninguna JALLA en 23 años.

Publicado: 2016-10-31

(Artículo publicado originalmente en la Revista Ojo Zurdo Nro 2. Edición Octubre-Diciembre 2016)

Somos varios los que sostenemos que la obra más importante de Mariátegui no son los 7 Ensayos, sino la revista Amauta. La capacidad de crear un colectivo humano que piense el Perú. Algo parecido podemos decir del trabajo de Cornejo Polar, Mariaca, Ostria, Melis. Hace ya 23 años decidieron reunir al pensamiento latinoamericano en las Jornadas Andinas de Literatura Latino Americana (JALLA) y su obra sigue creciendo aunque los Antonios hayan partido al Uku Pacha.  

Fue gracias a un encuentro por el medio siglo de la muerte de Vallejo que se encontraron y lanzaron la idea. En la última JALLA, este Agosto en La Paz, hubo más de 700 ponencias. Y siguen siendo Vallejo, Mariátegui, Arguedas los más comentados. Que incluso Melis llevó una ponencia sobre Arguedas aunque no la pudo leer porque la vida se le fue muy pronto. En todo caso él sabía a que iba. Como dije en una nota rápida en La Mula cuando Jesús fue al Gólgota o Víctor Jara fue a la UTEC a enfrentar al Ejército chileno con una escopeta vieja, sabían a que iban. Melis fue a Bolivia a pesar de que había sido operado del corazón y sabía que no resistiría la altura. Pero no faltó a ninguna JALLA en 23 años y no lo haría hoy. Eso es asumir responsabilidades.

Desde el inicio de la invasión hispana nuestra literatura nos ha ido creando como cuerpo en resistencia. La literatura colonial creó al sujeto criollo y con él a nuestra primera independencia. Tan temprano como eso nació nuestra primera “respondona” con Sor Juana Inés de la Cruz. Arguedas, Rulfo, Elicura Chihuailaf, le dieron voz al indígena para gestar otra resistencia. Desde la poesía Violeta Parra y Atahualpa Yupanqui crearon al sujeto migrante con los pies en la ciudad y el alma en el campo. El proletariado peruano nació en el saxofón de Lévano y en la guitarra de Pinglo, mientras la derecha argentina terminaba con la vida de Discepolo para acallar sus mensajes. Guillen y Santa Cruz le abrieron caminos a la negritud.

Todo esto no podía ser estudiado con los mismos instrumentos con que se lee la literatura europea. Ya Martí había reclamado que hagamos nuestro vino de plátano, aunque salga agrio. Mariátegui lo había dicho ya sin metáforas: “El dualismo quechua-español no resuelto aún, hace de la literatura nacional un caso de excepción que no es posible estudiar con el método valido para las literaturas orgánicamente nacionales, nacidas y crecidas sin la intervención de una conquista”. Necesitábamos pensarnos en comunidad para poder acoger todo este legado.

Y entonces un grupo de amigos decidió crear esta comunidad. Y comenzamos a crecer. La primera reunión fue en Bolivia. Luego recorrimos Argentina, Ecuador, Perú, Chile, Colombia, Brasil, Costa Rica. Al principio el elemento central fue el indígena. No por gusto la palabra “Andinas” estaba al medio de la sigla. Luego fueron tomando sus espacios las mujeres, los negros, el proletariado. Se ha ido tejiendo una hegemonía plural pero desde abajo a la izquierda. Se ha dado la lucha por un nuevo poder cultural. Y ahora hemos vuelto a la semilla, hemos regresado a Bolivia, pero con toda la madurez ganada.

La Paz es una ciudad que bien puede representar al continente entero. Novedad y tradición conviven armónicamente. Uno puede ir en teleférico a comprar un feto de llama para la buena suerte. Los cerros que la rodean están llenos de vida. En ellos se han producido batallas, por el agua, por el gas. La modernidad se ha ido tejiendo desde abajo, con olor a pólvora, a pollera. Eso ha creado en el boliviano, en la boliviana, una tensión especial, una capacidad de trabajo asombrosa, una rebeldía única. Antes eran los trabajadores los que tomaban carreteras confrontándose con el patrón. Ahora son patrones, los “cooperativistas”, que toman carreteras para impedir que haya sindicatos en sus minas. Las carreteras de Bolivia siempre estarán tomadas.

Pero ahora toman también la palabra. La Vicepresidencia edita libros, se organiza un evento sobre otro. Es un país que se está pensando a sí mismo. Y eso por supuesto que ha influido en JALLA. Sobre todo gracias a los amigos que me acogieron en su casa, a los compañeros de la Federación Minera que me explicaron el tema de las “cooperativas” que detrás de ese nombre esconden empresas capitalistas que viven del trabajo infantil. El error de Evo fue creer que podría construir un “capitalismo popular” sin entender que se trata de un oxímoron. Me quede una semana más de lo pensado para comprenderlo yo.

Y ahora JALLA se prepara a incorporar una voz que tenía ausente. Nos faltaba la Amazonía, llena de magia y conflicto. Dentro de dos años iremos a Acre. A seguirnos sorprendiendo, a seguir comprendiendo.

(Imagen: Detalle de una fotografía de Antonio publicada originalmente aquí)


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"Quiero escribir, pero me sale espuma"