defiende el enfoque de género

Una antología grone

La antología de la literatura afroperuana de M'bare N'gom Faye

Publicado: 2016-11-18

Quiero comenzar felicitando al Callao por los intelectuales de talla que tiene. Porque, si alguien no lo sabe, M´bare es chalaco. O por lo menos eso fue lo que le dijo un día un taxista, antes de escucharlo hablar con notorio acento extranjero. Y él se lo creyó. Y es que, claro, el Callao, como La Victoria son barrios grones. Y eso independientemente del color de la piel que uno lleve. El ser grone no es una cuestión racial, ni tiene que ver con de que continente desciende uno, es una cuestión cultural. 

M´bare puede haber nacido en cualquier sitio y saber todos los idiomas que sabe. Pero en realidad es chalaco. O victoriano. Y para demostrar que también puede ser victoriano es el primero que pone en una antología los cánticos de Alianza Lima. Y es que toda antología en realidad es una antojolía así que no se le puede, no se le debe, criticar qué pone y qué no. Yo, por ejemplo, más preocupado por lo popular que por lo afro hubiera puesto a Fernando Renteria y esas décimas que llevan como pie la ya famosa frase “¡Soy inocente!” (léase con pronunciación japonesa) o a Omar Camino que si debe ser afrodescendiente porque sostiene en una de sus decimas que es el nieto, del nieto, del nieto, del nieto, del primer hombre que se conoce que es africano. Pero esta es la antojolía de M´bare y no la mía.

Los grones somos, como diría Nicomedes “Indoblanquinegros, blanquinegrindios, negrindiosblancos”. Santa Cruz reivindicaba lo negro porque no se puede aceptar el racismo. Estuve hace unos días leyendo crónicas de viajeros que pasaron por Brasil, una linda antojolía de Estuardo Núñez (1989), y entre ellas encontré la de Mariana Grondona, “Bahía: la Roma Negra” que dice “Fray Bartolomé de las Casas agregó al clima otro problema más: el de los negros apoyados en los umbrales de las puertas” Lo que no dice Grondona es que son esos negros los que producen el algodón con que ella se viste, el azúcar que le echa a su café y ese mismo café tan negro como ellos. Son ellos los que construyeron América. Que si Bartolomé de las Casas agregó ese “problema” a la geografía del Brasil fue porque, defensor de los indios, alguien tenía que venir a hacer el trabajo gratuito.

La noción de raza fue una creación colonial. No se concebía como tal hasta un 12 de Octubre de 1492 a las 3 de la tarde. Como dice Quijanofue un modo de otorgar legitimidad a las relaciones de dominación impuestas por la conquista” (2014: 779). Esa noción y las nuevas identidades históricas producidas sobre esa base, fe asociada a los “roles” que cada cual debía cumplir en la sociedad. El primero en cuestionar la existencia de las razas fue Mariano Melgar. En la fábula de Los Gatos nos habla de una gata que parió varios gatitos “uno blanco, uno negro, otro manchado”. Eran perseguidos por un perro “endemoniado” y deberían unirse para combatirlo. Pero se ponen a discutir cual de ellos es mejor que el otro. “Se arañan, gritan y a sus alaridos/ acude mi buen perro y los destroza”. La idea de que el blanco, el negro, el manchado son hijos de la misma madre pone en signos de interrogación que sean de genes distintos. Simplemente es cuestión de piel.

Pero la rebelión de Pumacahua fue derrotada y la que gano fue la de Bolívar que decía que “tenemos los derechos de Europa” por ser “españoles americanos” que es el nombre que usa Vizcardo y Guzmán. La independencia fue una segunda conquista para las mayorías nacionales. Y nos quisieron seguir dividiendo en razas. Porque un pueblo dividido es más fácil de ser sometido. Y Santa Cruz, revive la utopía de Melgar de un mundo sin razas. La revolución socialista no sólo se hará para acabar la explotación, para que la democracia sea efectiva, para salvar a la naturaleza antes de que ella nos expulse de su seno. La revolución socialista se hará también para que esa noción de razas tenga su final. Lo digo en palabras de Santa Cruz: “La revolución socialista descansa sobre la lucha de clases, concretamente se basa en el triunfo del proletariado sobre la burguesía dominante. Excluyendo, de plano, toda valoración étnica y etnocentrista” (2004: 146).

Bolívar se preocupó de que no quede nada de la cultura africana. Hasta 1818, por lo menos, teníamos poemas en lengua congo. Hay países en que todavía se ven rasgos africanos en la cultura: Colombia, Cuba. Pero los “españoles americanos” estaban muy asustados con un pueblo social y culturalmente organizado. Ya habían tenido malas experiencias como las de Francisco Congo. Y el nuevo genocidio no fue matando seres humanos –que no es muy rentable quedarse sin esclavos- sino eliminando cultura. Pero lo que ocurrió fue que lo afrodescendiente se unió a lo cholodescendiente y nació la cultura grone.

Nos hemos encargado de darle un nuevo sabor a productos que vienen de afuera. Primero la marinera, traída de las Palmas Canarias tal como reza la más conocida de todas. Luego la décima que en España es tanto arte académico con Quevedo o Lope como popular y que en nuestra colonia conoció al Ciego de la Merced, limosnero improvisador. Por último el vals austro alemán, del que no hablare porque no está en la antología, pero ojo que Pablo Casas y muchos otros autores también son de color serio como diría Victoria Santa Cruz.

M´bare nos dice que la producción afroperuana esta sometida a la invisibilidad. Yo creo que eso no es tan cierto. Seguramente lo que ocurre es que mi amigo, a pesar de ser chalaco, no ha caminado mucho por calles y callejones. Preguntemos por ahí quien escribió Química del espíritu o si conocen a Alberto Hidalgo y seguramente pensaran que es un jugador de la U. Luego, ese mismo entrevistado se ira canturreando algún vals, de esos que reivindican la belleza de nuestra gente: “La morena Rosa Luz que es mi beldad/ a quien amo con todito el corazón/ saborea las delicias del cariño/ ella vive muy feliz con su pasión”. O de repente te recita sin olvidarse ni de una coma alguna décima de Santa Cruz. De hecho irá al estadio el domingo a ver jugar al equipo de sus amores que, aunque a veces pierda, juega bonito.

Yo diría más bien que se trata de tender puentes. Ojala alguna vez nuestro pueblo conozca a Alberto Hidalgo y nuestra academia a Morales Charún. Hay quienes, admirando en demasía a Nicomedes Santa Cruz, pretenden aislarlo de la tradición que él mismo se encargó de formar. Hay quienes quieren incorporarlo a la fuerza a la academia. Martha Ojeda en el reciente número de D`Palenque nos critica a los que lo calificamos de poeta popular porque lo estaríamos desestimando. Pero puede ser al revés. Juan Gonzalo Rose, al final de su vida, desechó la poesía del libro y se puso a escribir canciones. Los libros de poesía solo lo leen los poetas, sirven para regalos de cumpleaños y para adornar bibliotecas. Se supone que contra más libros tienes más culto eres, no importa si los lees o no.

El merito del libro de M´bare es que no hace distingos entre populares, orales y académicos. Le deja ese trabajo, en todo caso, al lector. Así nuestra heterogeneidad literaria está por primera vez reunida en la misma antología. Nos muestra como un país diverso. Más aún cuando podemos ver esas ricas relaciones entre lo negro y lo andino en textos como el de Leoncio Bueno :

Soy Ñoquanchis, mi edad es inescrutable,

he vivido y combatido en todos los tiempos,

mis cuatro extremidades viajan por el mundo,

igual que las semillas revueltas por los vientos.

Lo popular es integrador. A diferencia de los gatos de Melgar la plebe se siente unida por los lazos de la tradición cultural pero también de una cierta economía moral que es la que nos permite sobrevivir. Esa reciprocidad en la que hoy me prestas tú un fosforo para mi cocina y yo te ayudo mañana a componer tu lavadora que se malogró. Compartimos el mismo barrio, nos encontramos en el mismo bar o en la barra del estadio. Esa es una diferencia con lo académico donde para subir escalones tienes que pisar las cabezas de los que te rodean. Y perdonen si alguien se da por aludido pero el no estar en la academia me da posibilidades que antes no tenía.

Quizá hubiera sido mejor, sin embargo, un orden cronológico más riguroso para ver la evolución de nuestra literatura. La décima nace en la oralidad. Es oral la del Ciego de la Merced por ejemplo y se hubiera perdido si Ricardo Palma no la hubiera recogido. La de Porfirio Vásquez la conocemos a través de Nicomedes Santa Cruz. Es un momento en que como dice Raúl Bueno el analfabetismo suele ser la norma, la narrativa y la lírica son manifestaciones orales” (2010: 20). Entonces la décima tiene mucho de diversión y se hacen competencias de contrapunto, donde hay que improvisar o tener un buen repertorio, el “cuaderno del decimista” del que nos habla Santa Cruz. En lo que a temática se refiere estaba dedicada a lo humano y lo divino.

En los años 50 la décima estaba extinguiéndose. Pero vino a salvarla Nicomedes Santa Cruz. Fue una decisión política. Simplemente no quería que se pierda una expresión popular. Pero sabía que para eso tenía que transformarla. Los tiempos de la improvisación habían terminado ahora que la escritura era más frecuente. Y los temas a lo humano y lo divino ya no atraían a nadie. Ni al autor, menos a los escuchas. Además había que usar los medios masivos de comunicación.

A eso puede deberse la confusión de Martha Ojeda que criticábamos antes. En efecto, poco después de negar el carácter popular de Nicomedes, nuestra amiga parece rectificarse: “es una voz singular porque su poesía es para el pueblo, se nutre del pueblo y de las tradiciones orales (africanas, incaicas e hispánicas); no obstante esta relación con lo popular no le resta valor literario a su quehacer poético”. Resumiendo, es poesía popular pero no se parece a toda la anterior. Está abriendo otros cauces. Hemos pasado así de la literatura oral propiamente dicha a la urbano-popular que es la que está incitando mi interés en los últimos años. De la “ciudad oral” de Raúl Bueno a la “ciudad cantada”. Repotenciada así la décima no sólo no desapareció sino que ahora hay más decimistas que antes. Muchos de ellos recogidos en el libro que nos convoca.

La academia no ha estudiado estos procesos. No sólo no lo ha hecho sino que se ha negado a hacerlo. Las escuelas de literatura son profundamente coloniales. M´bare cree que con esta antología hará visible esta producción popular y hasta pueda ser que la academia ceda. Yo la verdad soy un tanto más escéptico y creo que se necesitaran más libros como el de nuestro amigo para que como gotas que roen la piedra venzamos a la Universidad que es una de las organizaciones más conservadoras del Perú. Pero justamente la tarea es hacerlos y por eso me siento feliz de que este libro exista.

Por cierto la décima no es la única expresión que M´bare recoge. La narrativa es, también, un terreno de combate por nuestra identidad heterogénea. No sólo por sus contenidos, terreno en el que se mueve muy bien el texto de Lucía Charun-Illescas sobre Malambo. También por las tácticas narrativas. Esa oralidad escrita que se ve en Gálvez Ronceros o en Gregorio Martínez siempre me pareció interesante. También lo es entender que nuestro ser tiene varios componentes. No es solo lo racial lo que destaca. En los textos de Rosa Zamudio podemos observar el componente de género, en el relato “Este es mi cuerpo y no tu cuerpo” o las travesías del migrante en “Yo soy de Chincha”. Supongo que los otros presentadores abordaran lo que a mi me ha faltado.

M´bare N´gom: Antología de la literatura afroperuana, Lima, CEDET, 2016

BIBLIOGRAFIA

Bueno, Raúl. Promesa y descontento de la modernidad, Lima: Universidad Ricardo Palma.

Núñez, Estuardo. 1989, Viajeros hispanoamericanos (temas continentales), Caracas: Biblioteca Ayacucho.

Ojeda, Martha. 2016 “Nicomedes Santa Cruz frente al canon literario peruano: argumentos para su inclusión” en D`Palenque Nº 1,

Quijano, Aníbal. 2014 (2000) “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina” en Cuestiones y horizontes: de la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder, Buenos Aires: CLACSO.

Santa Cruz, Nicomedes 2004 (1967) “Mariátegui y su percepción del negro” en Obras completas II. Investigación, Libros en red.

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