reconoce sus orígenes

George Orwell en Birmania

Notas sobre la primera novela de Orwell, un profundo retrato del mundo colonial

Publicado: 2017-07-04


Sin lugar a duda 1984 es la novela más conocida de Orwell. El nazismo y el estalinismo crean un clima anti utópico que no sólo se ve reflejado en esta novela sino en Un mundo feliz de Aldous Huxley. También se conoce bastante de su intervención en España y su Homenaje a Cataluña. Creo que sin embargo no tenemos a Orwell completo sin su novela sobre Birmania. Algunos la traducen bajo el título La marca otros como Los días de Birmania que se aproxima más al título original. Lo interesante es el cuño anticolonial que le supo dar un escritor que, en ese mismo momento, era parte de la Policía Imperial. Uso la versión virtual que emplea el primer nombre. 

Colonialidad del poder y corrupción

La noción de colonialidad del poder fue el término dispuesto por Quijano para caracterizar un patrón de dominación global propio del sistema-mundo moderno/capitalista originado con el colonialismo europeo a principios del siglo XVI. El dominio inglés sobre la India es posterior y tiene otras características pero vemos desde la novela como comparten algunas características en común

La violencia. Un componente de toda invasión colonial es la violencia. La violencia es el Génesis de la invasión en realidad. No es solo una violencia ocasional. Es orgánica. Se trata de construir dos mundos divididos compartiendo un mismo espacio. Por eso uno debe ser la negación del otro. El mayor representante de esto en la novela es Ellis: “Ellis odiaba con toda su alma a los orientales, los odiaba como si representaran todo lo malo y sucio que pudiera concebir la imaginación (…)Cualquier alusión a la tolerancia con los orientales, le parecía una horrible perversidad”. Si alguna preocupación hay en Londres por los derechos de los indígenas esta se difumina en la propia colonia. “–Lo que nos ha hecho polvo es tanta ley y tantas órdenes ––dijo Westfield, sombrío. La ruina del Imperio de la India por culpa de un exceso de legalidad”. Todos los ingleses tienen terribles ganas de disparar contra los indígenas.

Por cierto la violencia se da por los dos lados. Los oprimidos no quieren serlo toda la vida. Pero la desproporción es asombrosa. En el capítulo XV vemos como se produce una rebelión indígena:

Una escopeta de caza con un cañón estropeado, robada a un oficial forestal tres años antes. Item, seis escopetas fabricadas en casa con cañones de cinc (de unas tuberías robadas en el ferrocarril). Éstas podían disparar en cierto modo metiendo una uña por un agujero y dando a la vez un golpe con una piedra. ítem, treinta y nueve cartuchos desparejados. ltem, once fusiles de juguete, de madera. Item, unos cohetes chinos para alarmar.

Y, sin embargo, aunque parezca mentira, en esa rebelión hay un muerto. El señor Maxwell estaba demasiado impaciente por usar su rifle y cuando uno de los rebeldes quiso escapar disparó y le metió una bala en el abdomen matándolo instantáneamente. Entre el capítulo XVI y XVII hay más actos de violencia. Ellis deja ciego a un muchacho porque algo le dijo y los indígenas quieren venganza. Atacan con piedras el Club. Pero llega la policía imperial y no son piedras lo que dispara.

• La corrupción. Para quienes pensamos que la política es la gran herramienta para la emancipación de las clases subalternas, su uso como palanca de enriquecimiento personal o para sufragar la posición electoral de las diversas camarillas mafiosas es algo que inmediatamente nos sitúa como antagonistas del orden que posibilita esta inmoralidad. En un plano general hay dos enfoques éticos en disputa sobre la corrupción y de cuál sea el resultado del conflicto, dependerá el reforzamiento del sentido común dominante que consolida la dominación o, por el contario, su sustitución por un nuevo sentido común emancipador emergente. Por eso, más allá de las correcciones parciales que se deban hacer (hoy el caso Odebrecht es el más resaltante en América Latina), el problema es sistémico. 

Indudablemente el problema de la corrupción no es exclusividad de los países coloniales. Como bien apunta Jaime Pastor. “La actual crisis del capitalismo neoliberal globalizado ha contribuido a sacar a la luz un creciente número de escándalos de corrupción política en las más diversas partes del planeta, hasta el punto que es difícil que alguien sostenga todavía hoy que se trata de un fenómeno coyuntural o limitado a una región determinada”. Pero en los países coloniales la corrupción cobra características exageradas a nivel de carnaval. La novela de Orwell comienza con una descripción de U Po Kyin como un “parasito” de los ingleses: “Como magistrado, sus métodos eran sencillos. No vendía la decisión de un caso por mucho dinero que le ofrecieran, porque sabía muy bien que un magistrado que dicta sentencias injustas a conciencia, es cogido más pronto o más tarde. Lo que él hacía era mucho más sensato: aceptaba soborno de ambas partes”.

Además tratándose de un mundo colonial la corrupción no tiene que ver necesariamente con ganar dinero. Tan importante como eso es ganar un sitio dentro de la elite dominante extranjera. En toda la novela se desarrolla una competencia entre U Po Kyin y el doctor Veraswami por entrar al club de los ingleses. El primero usa las peores artes posibles, llegando hasta el propiciar asesinatos. El segundo es de una honestidad que llega al servilismo. Por cierto es la corrupción la que triunfa.

Colonialidad del saber

Es cierto que el colonialismo se mantiene por el poder de las armas. Pero también lo es que es justificado por una manera de ver el mundo. Como dice Edgardo Lander: “La expresión más potente de la eficacia del pensamiento científico moderno es lo que puede ser descrito literalmente como la naturalización de las relaciones sociales, la noción de acuerdo a la cual las características de la sociedad llamada moderna son la expresión de las tendencias espontáneas, naturales del desarrollo histórico de la sociedad”. En la novela que estamos estudiando hay tres niveles de este proceso: la negación de la cultura por la economía; la negación de las culturas colonizadas; la negación de los seres humanos colonizados. 

Contra el intelecto. Elizabeth es la que llevara la parte actuante en esta negación. Y lo hará dos veces. Frente a su madre y frente a Flory. Su mamá después de pasar muchos años preocupada por el sufragio de las mujeres y por las “altas cuestiones intelectuales”, y de haber intentado en vano escribir algo que pareciese literatura, se había dedicado por último a pintar. Su preocupación por lo material, incluso por lo que cualquier otro hubiera considerado “imprescindible” era limitada al punto que resultaba una verdadera pose no lavar los platos del almuerzo o, mejor aún, almorzar en hojas de revista sin usar platos. Elizabeth en cambio era muy material. Había pasado dos años estudiando en colegio de alta sociedad donde se había formado una idea de vida: “que lo bueno (que ella llamaba lo “encantador”) es sinónimo de lo caro, elegante y aristocrático; y que lo malo (“bestial”) es lo barato, mal vestido, socialmente bajo y obligado a trabajar.”

En Flory tenemos al intelectual que vive solitario en una colonia inglesa donde a nadie le interesa el intelecto. Cruza un par de palabras con Elizabeth y porque ella le responde cree que por fin ha encontrado quien lo comprenda. Ella sigue el juego. Pero

Para Elizabeth, todo ello era “cerebralismo”. La gente verdadera, es decir, las personas decentes, las que cazaban patos, poseían caballos de carreras y viajaban en yate, no eran intelectuales. No se les ocurriría nunca esa idiotez de escribir libros y andar con pinceles, ni tendrían esas ideas tan raras de que hablaban las revistas “cerebrales”. En su vocabulario, “cerebral” era un terrible insulto. Y cuando le ocurrió –– un par de veces en su vida –– conocer a un verdadero artista que prefería trabajar sin compensación económica en su arte antes que venderse a un Banco o a una compañía de seguros, lo despreciaba aún más. 

En verdad si algún caso le hace a Flory es porque una mujer “necesita casarse” sobre todo para no tener que trabajar. Una concepción bastante primitiva de la mujer es la que domina toda la novela. Podría hacerse un estudio de la misma desde la perspectiva de género.

• Negación de las culturas originarias. Flory discute sobre la relación entre cultura occidental y la de Birmania tanto con el doctor Veraswami como con Elizabeth. Con el doctor el debate se mueve en el terreno de las ideas. Mientras él cree en los efectos civilizatorios de Inglaterra, Flory piensa que es al revés: “Es cierto que acabaremos destrozando toda la cultura nacional birmana. Pero eso no quiere decir que estemos civilizando a este pueblo. Solamente lo frotamos con nuestra porquería”. Pero Flory quiere mostrarle a Elizabeth lo que conoce y se producen entonces situaciones de lo más incomodas. Así la lleva a ver el pwe, un teatro callejero muy concurrido Elizabeth no sabía qué hacer. “No le parecía muy bien ––ni siquiera seguro––meterse entre aquella maloliente masa de indígenas. Los birmanos les hicieron sitio sin dejar de mirarlos y de charlar. Sus pieles humedecían de sudor las toscas muselinas”. Elizabeth no entiende “¿Por qué ese empeño de llevarla a los sitios más repugnantes? ¿Por qué deseaba arrastrarla siempre entre los indígenas tratando de interesarla en ellos y en sus sucias costumbres?”. Y es que hay algo que no calza entre los dos, la manera de ver al otro. 

Racismo. Lo que pasaba con Elizabeth pasaba con todos los ingleses. Se trataba directamente de negarle humanidad al otro. Frente a la política estatal de incluir algún indígena en el club nace la queja “En todos los clubs europeos están entrando esos perros indígenas”. La política de animalizar al indígena y al negro. Al decir de Franz Fanon “A veces ese maniqueísmo llega a los extremos de su lógica y deshumaniza al colonizado. Propiamente hablando lo animaliza. Y, en realidad, el lenguaje del colono, cuando habla del colonizado, es un lenguaje zoológico. Se alude a los movimientos de reptil del amarillo, a las emanaciones de la ciudad indígena, a las hordas, a la peste, el pulular, el hormigueo, las gesticulaciones”. Así animalizado no es nada extraño que se le pueda matar. “Si hay lucha será una matanza tremenda. Pero, en definitiva, sólo son unos campesinos supersticiosos” dice U Po Kyin en la novela. Y ojo que se trata de un natural de Birmania, pero ya incorporado al mundo inglés aunque sea a nivel de “parasito”.

Por cierto la novela transcurre en una colonia donde todavía se mantiene la invasión inglesa. Eso ya no existe. El Perú es libre e independiente y etcétera. Birmania también. Pero la colonialidad se mantiene. Y eso explica muchas cosas. No olvidemos que hemos tenido un presidente que ha tratado a nuestras comunidades indígenas de perros (del hortelano).


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