no es apología, es memoria

La revolución de las mujeres

Segunda nota en torno a la Revolución Soviética

Publicado: 2017-11-09

En la revolución rusa las mujeres destacaron tanto o más que los hombres. Baste recordar que Rusia estaba en guerra y el aparato productivo lo tenían que mantener ella. Recordemos además que la revolución comenzó el día de la mujer. El 8 de marzo de 1917 (23 de febrero en el calendario ruso), las obreras textiles de la ciudad de Petrogrado se levantaron en una gran manifestación para exigir pan y el fin de la guerra. La represión que se desató contra ellas hizo que el movimiento se extendiera y en pocos meses se tomó el Palacio de Invierno 

LA MUJER QUE LE ESCRIBÍA A MARX

Pero la participación de la mujer fue anterior. En Nuestra América tenemos casi el deber de recordar a Vera Zasulich. La compañera escribía en Narodnaia Volia pero también se carteaba con Marx, allá por el año 1881 preguntándole si las comunidades indígenas rusas debían pasar por el capitalismo antes de la posibilidad del socialismo.

La respuesta de Marx lo convierte en el primer “revisionista”. Se negó a sí mismo. O, mejor dicho, negó que sus análisis sobre el capitalismo inglés tuvieran la validez para todos los tiempos y espacios. A los marxistas nos va a tocar la tarea de analizar nuestras propias realidades eternamente cambiantes. El 7 de noviembre de este año, celebrando el centenario de la revolución rusa, Marcelo Ramal del PO argentino dijo que si Lenin resucitara volvería a escribir sus libros sin cambiar una coma. El imperialismo no ha cambiado, según Ramal. Los análisis que se hagan sobre él pueden repetir, letra a letra, los que se hicieron hace un siglo. La idea de que todo está en permanente cambio es válida solo para aquellas cosas sobre las que Lenin no escribió. Marx no pensaba así de su propia obra.

Pero esa respuesta tenía algo más. Cuestionaba la idea, también común en algunos marxistas, de que habría un ciclo histórico necesario esclavismo-feudalismo-capitalismo-socialismo. Las comunidades indígenas pueden ser una de las bases del socialismo en los países que las tienen. Y entonces nosotros debemos estar atentos a lo que pasa en ellas. Hoy es fundamental en nuestras luchas. La candidatura de Marichuy por el Concejo Indígena de Gobierno; la lucha en defensa del campo en Huehuetenango (Guatemala) o en Cajamarca (Perú); la minga campesina en Colombia; la prisión de Milagro Sala en Argentina, marcan importantes espacios de lucha. Para Marx había dos condiciones para que las comunidades sean bastión del socialismo: eliminar la presión del mercado sobre ellas y que la revolución mundial venga en su ayuda.

LAS CONFERENCIAS DE MUJERES

Zasulich no era un caso excepcional. En la segunda mitad del siglo XIX la mujer se había incorporado con fuerza a los estudios superiores y a los círculos marxistas. Nadezhda Krupskaia fue miembro de primera hora del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. Fue ahí que conoció a Lenin y fueron camaradas antes de ser pareja. Antes de la revolución estuvo muy preocupada por la educación política de las mujeres y de la juventud en general. Seguía con atención los trabajos de la Internacional Juvenil y participó en 1915 en la Conferencia Internacional de Mujeres.

La Primera Conferencia Internacional de Mujeres fue impulsada por Clara Zetkin en 1907, un 17 de agosto, en Stuttgart. Es ahí que se proclama el 8 de marzo como día de la mujer. Ojo que no de la “mujer trabajadora” como dicen algunos sectarios. La reivindicación de entonces, el derecho a voto, debía ser para todas. Desde esta fecha, la revista Die Gleichheit (La Igualdad), que Zetkin dirigió desde 1891 hasta 1917, se convirtió en el órgano oficial de la Internacional Socialista de Mujeres.

La Internacional Juvenil no se disgrego durante la guerra. Y mantuvo la línea que luego sería el punto de separación entre la II y la III Internacional. La lucha contra lo que llamaban “guerra imperialista” y por convertirla en revolución luchando contra sus propias burguesías. La sección alemana de la Internacional Juvenil ha sido dirigida durante muchos años por Carlos Liebknecht, por lo que fue condenado a trabajos forzados.

Cuando, después de la Conferencia Internacional de Mujeres celebrada en 1915, se convocó la conferencia Internacional de la Juventud Obrera, la sección rusa de la Internacional Juvenil no estuvo representada en la forma debida. Bajo el régimen autocrático, las obreras y los obreros jóvenes no podían crear una organización con todos los requisitos formales necesarios y la guerra dificultaba de tal modo la comunicación entre los países que no hubo posibilidad de ponerse en relación con Rusia. Pero el Comité Central del partido envió un delegado a esta Conferencia para manifestar su adhesión.

EL PODER SOVIÉTICO TIENE NOMBRE DE MUJER

Margarita Fofanova fue muy importante en el momento mismo de la insurrección. Ella había estudiado agronomía y por eso tenía mucho conocimiento no sólo del mundo agrícola sino de la mentalidad campesina. La necesaria alianza, al interior del soviet, de los bolcheviques con los eseristas (SR: socialistas revolucionarios) de izquierda fue trabajada por ella. El SR era el partido campesino y estaba completamente dividido. Por la derecha apoyaban a los kulaks. Por la izquierda al campesinado pobre. Fue con ayuda de Fofanova que Lenin redacta el decreto sobre la tierra, clave en el acuerdo con los de izquierda. En los días de la insurrección Fofanova era quien alojaba en su casa a Lenin.

Por la parte de los eseristas también es una mujer la que servirá de puente hacia los bolcheviques. En realidad fue algo más que eso. Su intervención fue decisiva en la toma del poder por los soviets. Leyendo el extraordinario reportaje de John Reed Diez días que estremecieron el mundo uno percibe que el punto más importante de la revolución es el Segundo Congreso de los Soviets y la decisión de tomar el poder en sus manos. La toma del Palacio de Invierno fue un mero tramite que Reed ni se toma el trabajo de relatar. En el relato de Reed se ve como los dirigentes bolcheviques intentaban hacerse oír por el congreso sin conseguirlo. María Spiridonova, la principal dirigente de los socialistas revolucionarios de izquierdas, sube a la tribuna para explicar la alianza que había establecido Lenin. La mayoría del congreso se reconoce en ella y apoya su decisión. La revolución había triunfado.

MUJERES EN LA ORGANIZACIÓN DEL ESTADO

Luego, ya establecido el gobierno soviético Krupskaia y su trabajo en el Comisariado de la Educación es el mejor ejemplo de lo que en una nota anterior hemos llamado la conquista de la democracia:

Cada semana nos reuníamos con los representantes de cuarenta fábricas aproximadamente, discutíamos en común lo que había que hacer y cómo ejecutar tales o cuales medidas. Llevábamos a la práctica nuestras resoluciones sin demora alguna. Por ejemplo, resolvimos liquidar el analfabetismo, y los representantes de las fábricas, cada uno en la suya, llevaron a cabo con sus propios medios el recuento de los analfabetos, hallaron local para la escuela, presionaron sobre la dirección de las fábricas y consiguieron recursos pecuniarios. 

LA FAMILIA Y LA PROSTITUCIÓN

Kollontai es también la gestora de lo que podríamos llamar un feminismo socialista. La primera diferencia con otros feminismos es que no ve a los hombres como enemigos sino como aliados contra un sistema en que

La mujer y su compañero masculino son esclavizados por las mismas condiciones sociales, las mismas odiadas cadenas del capitalismo oprimen su voluntad y les privan de los placeres y encantos de la vida.

Pero inmediatamente reconoce que en este sistema la mujer sufre una doble opresión y tiene que luchar por tener iguales condiciones que el hombre. Pero la liberación de la mujer no puede limitarse a igual acceso a la educación, a la participación política o al trabajo. La principal organización opresiva contra la mujer es la familia. Para llegar a ser verdaderamente libre, la mujer debe desprenderse de las cadenas que le arroja encima la forma actual, trasnochada y opresiva, de la familia. Las formas actuales, establecidas por la ley y la costumbre, de la estructura familiar hacen que la mujer esté oprimida no sólo como persona sino también como esposa y como madre. En la mayor parte de los países civilizados, el código civil coloca a la mujer en una situación de mayor o menor dependencia del hombre, y concede al marido, además del derecho de disponer de los bienes de su mujer, el de reinar sobre ella moral y físicamente.

Pero el problema de la familia no puede resolverse individualmente. Es cierto que en las clases medias el amor libre es una opción. Pero la mujer trabajadora prefiere someterse al régimen familiar que verse abandonada en la maternidad. Entonces Kollontai descubre que el régimen familiar en que la mujer es “propiedad” del marido está condicionado al régimen capitalista. Únicamente una serie de reformas radicales en el ámbito de las relaciones sociales, reformas mediante las cuales las obligaciones de la familia recaerían sobre la sociedad y el Estado, crearía la situación favorable para que el principio del “amor libre” pudiera en cierta medida realizarse.

Esta misma actitud radical, de encontrar las raíces, sobre la familia es la que tiene Kollontai sobre la prostitución. Si la prostituta es la que vende sus servicios sexuales también lo es la que se mantiene casada no por amor sino por necesidad. La prostitución surgió como una sombra inevitable de la institución oficial del matrimonio, que estaba concebido para preservar los derechos de la propiedad privada y garantizar la herencia de la propiedad a través de un linaje de herederos legítimo. Y sin embargo nuestra moral hipócrita hace respetable a la esposa del burgués, que se vendió a perpetuidad y despreciable a la prostituta que, marginada del mercado de trabajo, se busca el pan de cada día en la noche. Kollontai nos dice que:

Cuando los salarios de una mujer son insuficientes para mantenerla viva, la venta de favores parece una posible ocupación complementaria. La moral hipócrita de la sociedad burguesa fomenta la prostitución por la estructura de su economía explotadora, mientras que al mismo tiempo cubre con desprecio a cualquier chica o mujer que es forzada a tomar este camino.

La mujer, por un lado, está en una posición económicamente vulnerable, y, por el otro, condicionada por siglos de educación para esperar favores materiales de un hombre a cambio de favores sexuales – ya se den estos dentro o fuera de la atadura del matrimonio. Esta es la raíz del problema. Aquí está el origen de la prostitución. Podemos por tanto enumerar como factores causantes de la prostitución: los salarios bajos, las desigualdades sociales, la dependencia económica de la mujer respecto al hombre, y la mala costumbre por la cual las mujeres esperan ser mantenidas a cambio de favores sexuales en vez de a cambio de su trabajo.

Kollontai escribe sobre la prostitución cuando ya están en el poder los soviets. Pero las condiciones económicas no han cambiado del todo. Y entonces se puede encontrar soluciones también radicales. Organizar la fuerza de trabajo disponible de hombres y mujeres, acabar con el “trabajo doméstico”, darles a todos una ocupación. Y en esto incluye a las mujeres casadas, insiste que aún las “casadas con un comisario” en una clara oposición a la burocracia. La prostituta y el ama de casa son, para Kollontai, “desertoras del trabajo productivo” y si se arresta a una habría que arrestar también a la otra. La solución no puede ser policial. A quien sí se puede y se debe arrestar es al que lucra con el trabajo de una mujer, al proxeneta.

Por supuesto, al mismo tiempo que se crea las bases económicas para desaparecer la prostitución, hay que crear una nueva moral. Una moral que no solo condene la prostitución, como lo hace la religión, sino que vaya más allá, condenando todo sentido de propiedad del hombre sobre la mujer. La creación de bases económicas y bases culturales no van una detrás de la otra sino que corren simultaneas.

LA OPOSICIÓN OBRERA

Pero no hay que limitar a Alejandra Kollantai a los temas del feminismo. Es de las primeras que se da cuenta que defender la democracia supone disputarle poderes al Partido a favor de los trabajadores. Los sindicatos deben ser libres, no deben ser controlados por el Estado porque en ese caso no podrán criticar cuando haya que hacerlo o defender los intereses de sus afiliados cuando el Estado atente contra ellos. En torno a estas ideas es que forma la Oposición Obrera. 

En esto acompañó a otra mujer que se preocupó por la deriva  no democrática de la revolución: Rosa Luxemburgo. De ese tema he hablado en otro artículo de este mismo blog. Pero, la pregunta es pertinente ¿Es casualidad que una feminista como A. Kollontaï, que como Comisaria del Pueblo había propiciado las leyes de divorcio y de aborto, que había creado nuevas instituciones como las escuelas infantiles para contribuir a liberar a las mujeres de las tareas reproductivas, jugara un papel central en la defensa de la independencia de los sindicatos? Creo que las mujeres pueden darle una potencia democrática mayor a la revolución.

REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN EL HOGAR

Por cierto esta intervención de la mujer en la revolución fue clave para poner sobre el tapete las banderas de genero. El Código soviético de 1918 estableció la igualdad ante la ley, el divorcio sin condiciones e iguales derechos para los hijos nacidos fuera del matrimonio. En agosto de 1919, las militantes bolcheviques crearon el Zhenotdel, integrado por trabajadoras, campesinas y amas de casa, para abordar las dificultades de la guerra civil. En noviembre de 1920, se legalizó el aborto. Fue el primer país es hacerlo. 

La historiadora Wendy Goldman señala que la concepción bolchevique sobre la emancipación femenina se asentaba en cuatro pilares fundamentales: “la unión libre, la liberación femenina a través del trabajo asalariado, la socialización de la labor doméstica y la extinción de la familia”. Respecto a la cuestión del trabajo doméstico, no proponían simplemente una división igualitaria del trabajo del hogar entre hombres y mujeres, sino transferir esas labores al ámbito público, socializando el trabajo doméstico. La familia, como unidad de reproducción y consumo, perdería así sus fundamentos.

Pero esa democracia que Kollantai y Luxemburgo reclamaban en el auto gobierno de la sociedad va paralela a la posibilidad de que la mujer se auto gobierne.  La consolidación del estalinismo como burocracia a la cabeza del Estado fue acompañada de una restitución de los valores patriarcales. En junio de 1936, se decretó ilegal el aborto, como parte de una campaña para promover la “vuelta al hogar”. La burocracia pretendía una “jerarquía estable de las relaciones sociales”, por lo que en 1930 disolvió la sección femenina del partido, el Zhenotdel, penalizó la homosexualidad y criminalizó la prostitución

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