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El Pinglo de Marco Martos

Publicado: 2018-01-07

En estas fronteras porosas entre la ciudad cantada y la letrada debemos ubicar un poema de Marco Martos. Pertenece al libro Sílabas de la música (2002, Litografía del sur). Un libro por el que van desfilando los grandes músicos de la poesía occidental: Brahms, Chopin, Dvorák. Los poetas tenemos cierto gusto por la música. Al fin y al cabo es música lo que hacemos. La diferencia es que en vez de notas ponemos palabras. Por cierto, cuando Martos, que al fin y al cabo es un académico, habla del vals lo hace pensando en Strauss, Viena y el río Danubio. Cuando habla del bolero su palabra se va hacia Rabel. Y de repente su libro hace un quiebre. Aparece Raúl García Zarate: “nacido para la guitarra” dice Martos. Le dedica dos poemas: “Raúl García Zárate dondonea su guitarra” y “Guitarra”. El segundo me gusta más, es cuestión de gustos: 

Al fondo de la tierra
Se oye gemir dolida a la guitarra,
Su aire sube, amarra
A la gente, se aferra
Al sentimiento común, nunca yerra

Efectivamente la música ayacuchana es dolida y comunitaria. Los costeños en cambio aparecemos más alegres. El vals que Juan Gonzalo Rose dedica a Pinglo, por poner solo un ejemplo, nos dice “Felipe de los pobres tu musa es jaranista”. Marco Martos, como queriendo demostrar que las cosas, sobre todo en el arte, son como uno las siente, nos presenta en cambio un Pinglo que “atrae como imán al infortunio”. Como el poema no ha sido recogido en el libro de César Cuba y Elías Arana, que reúne casi todo lo escrito sobre el poeta de los Barrios Altos, lo reproduzco aquí como modesto aporte a los estudios pinglistas.

FELIPE PINGLO
Felipe Pinglo atraé como imán
al infortunio. Principia la noche,
la guitarra inicia su quejido,
se desgarran oscuridad y beso

Amores de otro tiempo traen su aire,
se hacen más claros en ese silencio,
otra vez viven su tiempo terrible,
de amor se muere, de negros barrotes.

Baila la música hacia el abismo,
bailan dedos en la caja sonora,
bailan los ojos y desaparecen

El olvido. Ya llega la mañana
El piso queda sucio. Serpentinas.
Felipe Pinglo está muerto o dormido

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