le dice #NoALaGuerra

Luis Cáceres, el fotógrafo de La Catedral

Apuntes por el libro de Luis Cáceres: La Catedral del Criollismo

Publicado: 2018-02-05

Fred Rohner se queja de las pocas investigaciones académicas que hay sobre nuestra poesía popular “La academia peruana se ha dedicado a estudiar un montón de fenómenos culturales y lo que tenían al costado no lo han visto o no lo han querido ver” dice. En efecto, la mayoría de libros sobre nuestra tradición musical y poética de la costa peruana han salido de periodistas que, justamente por eso, se han quedado en la crónica sin mayor análisis. La propia cita de Rohner con la que empezamos viene de uno de estos libros. El que dedica Luis Cáceres a La Catedral del Criollismo.  

Pero estas crónicas son las que permiten fundamentar los estudios más analíticos. Por ejemplo, en este blog hemos insistido mucho en la idea de que los autores e intérpretes de la canción criolla son la intelectualidad orgánica del proletariado. Y son las memorias de Wendor Salgado, centradas en las enseñanzas que le dieron los Ascuez, sobre todo su “tío Augusto”, las que nos confirman nuestro acierto:

Yo nunca he perdido de vista el trabajo. Mi chamba era mi chamba. Todos eran iguales: el Chino Soto era jefe conserje del Ministerio de Agricultura. Mi tío Augusto era maestro de obra. Era bueno. Elías, albañil también, salía muy poco a jaranear. Ricardo del Valle era pintor. Cada uno tenía su chamba. No era gente que vivía de la bohemia (p. 50)

Pero siendo un libro sobre cómo se hace peña en la casa de Wendor Salgado es esperable que los datos que más nos proporciona son sobre el tema de los centros musicales. En un estudio anterior sobre ellos fue Fred Rohner (2013) quien estableció la diferencia entre “hacer peña”, “reunión cuyo rumbo es la práctica musical” y “ser peña” “establecimiento comercial donde se ofrece un show que debe pagar cada asistente”. En el libro de Luis Cáceres es Wendor Salgado quien nos cuenta como eran los centros musicales antes de que lo comercial los gane:

Nosotros estábamos acostumbrados a tocar en el silencio de la gente. Uno tocaba en su mesa, a otro grupo que deseaba música se le pasaba el instrumento. A los músicos se les escuchaba. Al colocarse micrófonos las mesas pierden el protagonismo. Apareció un escenario y erradicó lo que uno sentía al tocar cuando uno estaba con amigos (pp. 55-56)

Establecidos estos parámetros podemos ver cómo es La Catedral por dentro. Luis Cáceres se ha entrevistado con la mayoría de los que armamos, viernes tras viernes, la peña. Algunos cantan, que es lo central del espacio. Antonio Graña hace marinera y nos cuenta como lo aprendió de Porfirio Vásquez. “Lalo Llanos lanza un vals totalmente opuesto a Eligio Ronceros, al cantautor Pedro Cubillas o al estilo aputramadrado de Gabriel La Pulga Durand” (p. 65). Las páginas que dedica a Lalo Llanos Minchán son muy significativas.

Pero no todos cantamos (algunos lo hacemos en voz baja como para que no nos boten por desafinados). Y sin embargo alguna tarea tenemos. Elías Arana o Ricardo Martínez, por ejemplo, se preocupan del libro de asistencia y la grabación de las reuniones. Elías tiene conciencia de que estamos haciendo historia. Y ya produjo, junto a César Cuba, un libro imprescindible para seguirle el rastro a Pinglo. Hay los que tienen la virtud de hacer las dos cosas: investigar y cantar lo investigado. Es el trabajo que realizan los amigos de Lima del 900 a los que también hay buenas páginas dedicadas.

Entre los que no cantan hay un joven periodista que llegó a La Catedral porque estaba haciendo un trabajo para la Universidad pero ahora que ha terminado el trabajo y que incluso lo ha publicado, ha decidido quedarse. Es el fotógrafo de La Catedral: felicitaciones Luis y gracias por tu libro


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Me sale espuma

"Quiero escribir, pero me sale espuma"