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Colombia entre la guerra y la paz

Mi intervención en el evento ¿Entre la guerra y la paz? FARC

Publicado: 2019-09-14

Quiero hacer notar que el título de la mesa redonda “Las FARC entre la guerra y la paz” queda corto. Nos estamos acostumbrando a mirar el mapa político solo desde los actores oficiales. Los grupos de poder o de antipoder. En el Perú o estas con Vizcarra o estas con Keiko. Pero eso deja afuera a los campesinos del Valle del Tambo, a Aduviri en tanto preso político, a la huelga minera y un largo etcétera. La política sería un asunto de unos centenares de personas que deja afuera a millones. La realidad es en verdad más complicada que eso.

Pero vayamos a Colombia. Veremos ahí que los temas son en verdad bastante similares. En primer lugar porque, al igual que nosotros, su economía se basa en el extractivismo. El problema de las minas que invaden territorios agrícolas se sufre allá igual que acá. El problema de la tala indiscriminada en la Amazonía se sufre allá igual que acá. Igual que acá también los defensores de la tierra y el medio ambiente son asesinados. Pero allá baten el record. El año 2018, último informe de Global Witness, se ha asesinado en todo el mundo 164 defensores de la tierra y el medio ambiente. Uno de cada 6 de estos asesinados es colombiano. Ocupo el segundo lugar.

Y el tema es doblemente grave. Porque son asesinatos que se cometen no solo para quitarle tierras a los campesinos, sino para continuar un ecocidio. Un solo dato: son 197,159 hectáreas deforestadas en la Amazonía colombiana si le creemos al propio gobierno de Colombia. Es un área más grande que Trujillo o Arequipa para ponerlo a escala nacional. Cada hectárea devastada es grave no solo para los animales y plantas que bien ahí, hay 42,965 especies en riesgo de desaparecer, sino para todo el planeta, para el oxígeno que nosotros mismos consumimos en esta sala. Pero ni a los mineros ni a quienes quieren pasar a cultivos ilícitos les interesa si respiramos o no. Y ahora que ya no hay FARC armada, ni Estado implantado en la Amazonía ellos sí que tienen un respiro. Acelerar la implementación de los Acuerdos de Paz es algo que nos interesa directamente a ti y a mí.

La cantidad de muertos crece si incluimos entre los defensores de la tierra y el medio ambiente a los campesinos que están por la sustitución de cultivos ilegales. Entendámonos, sustituir cultivos ilegales no es mandar al ejercito al campo, arrancar la coca o la marihuana y si es necesario matar al campesino. Es financiar la compra de nuevas semillas, asegurar nuevos mercados, dar asistencia técnica. Existe ese tipo de compromisos y no se cumplen. El 10 de septiembre campesinos de Valdivia (Antioquia) tomaron la carretera exigiendo el cumplimiento de los acuerdos.

Los cultivos de uso ilegal están creciendo. El 2013 eran 46,000 hectáreas y para el 2017 ya se había llegado a 171,000. Y por si fuera poco los campesinos del movimiento a favor de la sustitución son asesinados constantemente. Para solo mencionar al más reciente, hace una semana, el 8 de septiembre, fue muerto Mario Alberto Achicue del Resguardo Indígena Avirama al oriente de Cauca. Si ustedes revisan nuestra página en Facebook verán que semanalmente hay varios muertos. La mayoría de ellos no son combatientes de las FARC sino integrantes de organizaciones comunales. Y suman varios cientos.

Esto crea un problema en el campo: los desplazados. Un problema que se ha agravado con el regreso a las armas de un pequeño grupo de las FARC. Porque aunque el grupo sea pequeño resulta afectando un territorio donde los campesinos quieren pero no pueden vivir en paz. Desde el 2015 Colombia es el país con más desplazados internos, superando a Siria. Llegan a 6´183,900 según datos de Naciones Unidas, pero pueden ser más. Calculen ustedes: Lima tiene aproximadamente 10 millones. Estamos hablando de más de la mitad. Gente que ha tenido que dejar su tierra convertida en zona de guerra, narcotráfico o cualquier actividad propia de los traficantes de la muerte. Por supuesto son un problema social. Y en Colombia es muy seguido que los conflictos sociales supongan varios líderes muertos. Hace una semana también, en lo que se ha denominado “fin de semana sangriento”, fue asesinado Yunier Moreno, de la Asociación de Desplazados de la Vereda Peñas Coloradas.

Por supuesto un régimen así no puede sobrevivir con libertad de prensa. Los profesores, sobre todo los profesores interculturales, son peligrosos a esta estructura mafiosa del poder. Acaban de cerrar un noticiero de la televisión del que ya habían matado a algunos integrantes. Hace dos años intentaron matar a una profesora intercultural, madre de mi hija, y fue la niña la que resultó muerta. En fin, Colombia es un pequeño infierno.

Pero hay quienes quieren construir el cielo en medio del infierno. La firma del Acuerdo de Paz fue parte de eso. Un acuerdo que permite a los desmovilizados de las FARC dedicarse a proyectos económicos ecológicos. En Tierra Grata están logrando vencer la falta de agua para cultivo en una alianza entre el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, donde se asientan los desmovilizados, y los campesinos de la zona. Por supuesto a los mercaderes de la muerte no les gusta y son muchos los desmovilizados que están siendo asesinados. Y entonces la pregunta es ¿no resulta valido volver a las armas?

Mi respuesta es que no. En primer lugar porque eso es justamente lo que quieren los mercaderes de la muerte. Ellos nunca quisieron el Acuerdo de Paz. Hicieron campaña en contra. Viven del miedo y del odio. En segundo lugar porque si los muertos no son solo de las FARC, la vida no solo la debe construir las FARC. No hay iluminados que puedan resolver ellos solos los problemas sociales. Se trata de lograr la movilización de todos.

En esto hay muchas experiencias acumuladas. Quiero referirme a una: la guardia indígena. Daniel Martínez Bernal la define como

“uno de los pilares que apuntala y estimula de manera permanente esta lucha frente a la dominación colonial que han sufrido las comunidades durante más de 500 años de historia”.

Para llegar a serlo tuvo que recorrer un largo camino. En 1971 nace el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), Su primera tarea fue el fortalecimiento de entidades como los cabildos desde donde progresivamente se empezaron a plantear puntos de lucha como la Unidad, la Tierra, la Cultura y la Autonomía. En 1993 nace la Asociación de Cabildos del Norte del Cauca (ACIN), con el objeto de unir los diversos proyectos e iniciativas locales y así mejorar sus condiciones de vida tanto en lo que respecta a las necesidades básicas insatisfechas, como en la construcción de mayor autonomía territorial y cultural.

Es en este marco que nace la guardia indígena. Otra vez podemos establecer relaciones con nuestras experiencias: las guardias campesinas de Cajamarca. Pero no es un dato menor que se llamen indígenas. Parten de reconocer una identidad que es la que les da poder. No ya el poder de mandar sobre otros sino el de hacer cosas en provecho de todos. Por eso se reconocen a sí mismos como Kiwe Tenza, expresión ancestral de resistencia, directamente vinculada a la autorganización popular, campesina en este caso. Se trata de defender su plan de vida, el sueño colectivo, teniendo en cuenta la espiritualidad, reciprocidad, integridad y uso respetuoso de la tierra.

Por supuesto que la guardia indígena está sometida a los procesos de violencia que se viven en Colombia, son muchos los miembros asesinados. Pero ellos saben que su fuerza no está en las armas sino en el quehacer colectivo, en la minga, que igual que acá es un llamado al trabajar juntos. Pero que en Colombia toma un carácter político porque también se hace minga en defensa de sus derechos, en contra de las medidas o de la dejadez del gobierno, los paramilitares y en general los grupos armados. Hace un par de meses la minga campesina tuvo prácticamente tomado el país por algunas semanas.

Se está pues construyendo un poder popular en el campo como respuesta a la violencia. En las ciudades está naciendo una nueva generación con menos miedos. Incluso en el espacio electoral, que Colombia Humana sea la segunda fuerza electoral nos dice mucho de esas nuevas potencialidades. Las FARC al firmar la paz han reconocido que su tarea es dentro de este proceso y no fuera. Por eso el Acuerdo de Paz incluye puntos como la sustitución de cultivos de uso ilegal, la Reforma Rural, el compromiso gubernamental de reprimir a los paramilitares, la solución al tema de los desaparecidos y de los desplazados. Ya hay documentados 276 casos de desaparecidos de los que hasta hace muy poco no se sabía nada. Y son las FARC las que han logrado esa documentación que ojala signifique un pronto encuentro de estas personas. Esperemos que vivas. Separarse de este acuerdo y formar un nuevo movimiento belicista es caminar contra la historia.

Y es un camino que sigue en pie en toda América Latina. Siguiendo el ejemplo colombiano y peruano ahora hay guardia indígena en el Chaco, Argentina. El pueblo mapuche ha recuperado 500 mil hectáreas por acción directa desde 1990. Los tupinamba del sur de Bahía, Brasil, recuperaron 22 haciendas pese a la fuerte represión contra ellos. Aquí mismo hemos impedido el proyecto Tía María y tenemos un preso por impedir otro proyecto minero en zona de frontera.

Y es que ni ustedes han venido a oír ni yo a hablar. Hemos venido porque tenemos que organizar nuestra lucha. Y parte de nuestra lucha es la solidaridad internacional. Lo primero que debemos hacer en el caso colombiano es romper el cerco de silencio. Por favor pónganle un “me gusta” a nuestra página y un “me enoja” a cada una de nuestros envíos. Compártanlos. Organicen más eventos como este. Un plantón en el consulado no estaría mal. Podemos ponerle fecha hoy mismo. Y mientras tanto sigamos la lucha acá: Para los campesinos la tierra, para Aduviri la libertad, para los mineros la solución, para las penas amor. Aquí y en Colombia para la guerra nada.


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